En la época en la que estuve viviendo en Benasque y currando para Barrabés (allá por el ’98) hice acopio de algunos artilugios interesantes que, por diversos motivos, se cruzaron en mi camino. Entre otros, unos gatos de gran talla para hacer vía larga y llevar hasta con calcetines, unos piolets cobra de Black Diamond hechos de fibra de vidrio y, por supuesto, el anclaje mágico.
El anclaje mágico es un cabo de anclaje que adquirí para facilitar el trabajo de cambio de anclaje al escalar en artifo, como sustituto de la daisy chain que me resultaba sumamente incómoda de manejar cuando estaba colgado de la cuerda.
El mérito no es mío, claro. Es de Dani, quién conocía perfectamente todos los cacharros que circulaban por la planta de hierros de la tienda y, en concreto, el anclaje mágico, que ya utilizaba desde hacía un tiempo. Pero el nombre de anclaje mágico es mío, algo es algo.
El descubrimiento del cacharro, cuyo detalle se ve a la derecha, es de Dani, como decía, pero el invento es de una marca bastante peculiar del mundo de la montaña: Pika Mountaineering. Ellos le llaman adjustable daisy y siguen comercializándola, solo que no sé cómo se puede conseguir en España (Barrabés ya no la vende).

El concepto es muy sencillo: la fijas en el arnés con una alondra (I) con el anillo cosido del extremo y la usas como un cabo de anclaje convencional solo que, con una mano puedes darte cinta pulsando la pestaña de la cabeza (II) o, recoger cinta con sólo tirar del cabo del extremo libre (III).

Sinceramente, cuando te has aupado unas cuantas veces, a pulso, en un desplome, es muy agradecido no tener que mantenerse, a pulso, mientras peleas con la daisy chain para dar con la distancia adecuada. Una de las grandes sorpresas del artifo es que, aunque parezca que no se trabaja porque estás mucho tiempo colgado, en realidad resulta agotadora por el contínuo trabajo con los brazos en alto, los continuos tirones de los mosquetones de reunión y la tensión en los ganchos, plomos, puntas de clavos y similares.
existen en el mercado hebillas similares, para usos relacionados con el transporte. Aunque las que he visto son bastante más endebles, (ya he roto varias) se supone que resisten hasta 500 kilos.
8 abril, 2008 @ 9:18Claro, es simplemente un apunte pedante, pero, ¿y si lo hubiera hecho la rata de Pika?