Este fin de semana cumplí, por fin, uno de mis más antiguos objetivos como montañero: la vía clásica a la cara norte de Monte Perdido. Nos fuimos Rober y yo, mano a mano, con la intención de escalar el sábado el Pico Forcarral (otro viejo reto) y el domingo la Norte clásica al Monte Perdido.
Mala elección fijarse un doble reto, en roca y en nieve en tan corto período de tiempo y con aproximaciones tan largas. El resultado fue que acarreamos cerca de 30 Kg de material a la espalda para tener que renunciar a uno de los objetivos: el Pico Forcarral (otra vez será).
Pero Monte Perdido sí. Tras dormir en Tuca Roya (que por cierto está fantástico pese a ser un refugio libre, por lo que felicito a todos los que lo han usado y a la federación francesa) y levantarnos a las 3:30 AM, aproximadamente, nos encaramamos en la pared para disfrutar como locos con la ascensión.

Como se puede apreciar, ambos tenemos cara de tontos al llegar a la cumbre. Gran día
Un día estupendo, despejado y primaveral que nos obsequií con una magnífica vista de los Pirienos desde la cima.
La escalada nos deparó momentos variados aunque más allá de dificultad técnica o compromiso, la palabra que define la escalada es ambiente. El ambiente de grandiosidad y la magnitud de los glaciares y la pared es algo que no habíaa sentido antes de semejante manera.
También fue gratificante la escalada de los sèracs del glaciar que, no está estrictamente en la ruta clásica pero que vimos hacer a una cordada anterior y nos pareció una magnífica variante (en la foto inferior estoy iniciando el largo, el único en el que usamos la cuerda).

Madclimber jugando con el sèrac del primer glaciar de Monte Perdido
¿Todo el fin de semana en media docena de párrafos?
30 mayo, 2006 @ 7:10