Doblete en Picos: Picos de Santa Ana (2.609 m.) y Peña Vieja (2.613 m.)

En la cumbre Peña Vieja (Picos de Europa)
En la cumbre Peña Vieja, 2.613 m. (Picos de Europa). Foto: Chiqui

Un guasap de Chiqui y una semana después estábamos conduciendo a Fuente Dé para, de una tacada, en poco más de un día de actividad, volver habiendo escalado el Espolón Rojizo (180 m., AD Sup.) a la cumbre occidental de los Picos de Santa Ana (2.609 m.) y ascendido por la ruta normal a Peña Vieja (2.613 m.).

La vía del Espolón Rojizo en los Picos de Santa Ana, era ya un proyecto clásico en mis guías de escalada. Uno de esos que siguen con la marca en el libro y que se resiste a ser realizado. Es una vía que aparece en todas las guías de escalada que tengo de la zona (el famoso Tomo I rojo de Miguel Ángel Adrados y Jerónimo López, las Escaladas Selectas de la Cordillera Cantábrica, también de Adrados, y mi más reciente adquisición, 100 vías de escalada en Picos de Europa, de Miguel Ángel García Crespo) y que cada vez que andaba buscando objetivos por la zona, se colaba en la lista. Sin embargo, no sé muy bien por qué, nunca terminaba de cuajar.

Hasta el fin de semana pasado, en el que Chiqui me dijo “hagámosla, siempre la propones y ya es hora de que la hagamos”. Así que, como me gusta decir, “ni mil palabras más”.

No teníamos mucho tiempo, apenas tres días, de viernes a domingo al mediodía. El jueves, además, yo viajaba por trabajo y llegaba demasiado tarde (y cansado), así que iba a ser difícil levantarse temprano. A pesar de todo, el plan era llegar el viernes a primera hora de la tarde con el teleférico a la zona de Horcados Rojos y Cabaña Verónica, atacar la vía el sábado y volver a primera hora del domingo para estar a primera hora de la tarde el domingo.

La realidad fue que el viernes salimos de Madrid más tarde de lo previsto por culpa de mi agotamiento del día anterior, que llegamos al parking de Fuente Dé a las 18:03 y el último teleférico ya había partido y que, para irnos a tomar cervezas a Potes, ¿por qué no subíamos andando hasta la parte de arriba del teleférico?

Chiqui en el camino del Hachero, entre nubes
Chiqui en el camino del Hachero, entre nubes

Sin mapa y con la pared tapada por las nubes bajas, unos paisanos que trabajaban por allí fueron la salvación. Nos dieron las indicaciones, que resultaron ser perfectas, para subir por el Camino del Hachero. Menos de dos horas después llegábamos a los prados junto al teleférico, empapados en sudor, odiando nuestras pesadas mochilas y lamentando no haber podido ver el paisaje por las nubes. Algo machacados después de la carretera y la subida con peso, pero contentos de estar ya arriba, en El Cable.

Mar de nubes desde El Cable
Mar de nubes desde El Cable

Más camino, las paredes a nuestro alrededor, la mochila; a las 22:00 estábamos tirándonos en un providencial vivac pegado al camino próximo a los impresionantes muros de Horcados Rojos. Sopa, pasta, saco y cielo espectacular con poca luna y todas las estrellas. Una buena recompensa la vista de la vía láctea a pesar de las piedras en mis riñones.

Decidimos no madrugar mucho ya que el día alargaba bastante, la predicción era buena y el día anterior había sido intenso. Aún así a las 10:00 ya estábamos al pie de la canal de la Canalona, dejando peso escondido entre los bloques y acarreando el material justo para la escalda.

Las vistas de nuestro Vivac de lujo al amanecer. Foto: Chiqui
Las vistas de nuestro Vivac de lujo al amanecer. Foto: Chiqui

La aproximación a la cara Noroeste de los Picos de Santa Ana se hace por el camino de ascensión a Peña Vieja, hasta el Collado de La Canalona, por un sendero inverosímil, construido apilando bloques, que remonta serpenteando entre placas y barrancas y las magníficas siluetas de la Aguja Bustamante y la Aguja de La Canalona.

En el collado tomamos conciencia de lo cerca que está Peña Vieja, así que decidimos que, como probablemente tendremos luz de sobra, podremos ascender por la ruta normal como remate de lujo de la jornada.

Un largo paseo después, circunvalando los Picos de Santa Ana y perdiendo bastante altura, nos encontramos en la base de la cara Noroeste, mirando la impresionante vista subjetiva del Espolón Rojizo. Impresiona más de lo que esperábamos por los sucesivos desplomes y, a pesar de lo concreto de la vía, la magnitud de la pared. Acordamos que yo seré el primero en escalar, lo prefiero, y antes de empezar a cuestionarnos nada nos metemos en harina.

Primeros pasos en la pared. Foto: Chiqui
Primeros pasos en la pared. Foto: Chiqui

La roca es muy compacta y está plagada de agujeros y fisuras, así que resulta en general una escalada disfrutona y fácil de proteger. En la parte central hay que elegir itinerario: por la izquierda, dos largos de IV+ y IV-, o por la derecha, dos largos de V y IV. Elegimos la izquierda (el itinerario clásico) y, además, Chiqui empalma largo y medio disfrutando de un tramo en diedro magnífico y bastante aéreo.

Disfrutamos los largos y el juego de emplazar los seguros. El largo y medio que ha escalado Chiqui es estupendo. Remato yo la escalada empalmando otro largo y medio para quedarnos a pocos pasos de la cumbre que alcanzamos felices. Mucho, mucho tiempo sin escalar que termina con una estupenda escalada clásica.

Saliendo del penúltimo largo de la vía. Foto: Chiqui
Saliendo del penúltimo largo de la vía. Foto: Chiqui
Felices en la cumbre occidental de los Picos de Santa Ana. Foto: Chiqui
Felices en la cumbre occidental de los Picos de Santa Ana. Foto: Chiqui

El descenso es delicado, por unas placas tumbadas en las que agradecemos no habernos quitado los pies de gato, pero rápido y enseguida estamos de nuevo en el Collado de Santa Ana, con Peña Vieja a la vista. Así que, casi del tirón, parando únicamente para dejar algo de material por el camino y evitarnos arrastras cuerdas y cacharros a la cumbre, atacamos la cumbre de Peña Vieja.

Aunque se nos hace largo y algo tedioso el pateo zigzageando por placas y pedreras, llegamos rápidamente a la cumbre, en la que descansamos, disfrutamos de las vistas del Macizo Central y comemos un poco más antes de bajar definitivamente.

El Macizo Central desde Peña Vieja, con el Picu Urriello asomando a la derecha
El Macizo Central desde Peña Vieja, con el Picu Urriello asomando a la derecha

Descendemos rápidamente, recuperando el material que hemos ido dejando durante el día para recomponer nuestra mochila pesada que decidimos abandonar en el vivac del camino para ir a tomar una cerveza en Cabaña Verónica. Nos la hemos ganado.

El camino se nos hace largo hasta el refugio y comprobamos extrañados que hay muy poca gente por la zona; “será la noche de San Juan”, nos dice lacónico el guarda del refugio. Es cierto que nosotros sólo nos cruzamos en todo el día con una pareja que iba a Peña Vieja al inicio de la mañana.

Chiqui observando el Espolón Rojizo (arriba, a la izquierda), desde Cabaña Verónica
Chiqui observando el Espolón Rojizo (arriba, a la izquierda), desde Cabaña Verónica

La noche, que mejora porque nos liamos con obras de mejora sacando dos grandes bloques que justo caían entre mis riñones y mis costillas, es reparadora y dormimos profundamente metiéndonos todavía con luz en el saco. Al día siguiente sí que madrugamos para tomar el teleférico lo más temprano posible y volver al mundo real tras atravesar las nubes que nos sacan del mundo onírico de estrellas, montañas y rebecos.

El teleférico de Fuente Dé cruzando las nubes
El teleférico de Fuente Dé cruzando las nubes

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