En Tenerife: Catedral, Teide, Tabares y amigos tinerfeños

Por temas profesionales tuve que viajar a Tenerife el fin de semana pasado y cuando preparaba el viaje pensé: “es una lástima que no aproveche para hacer algo por la isla”. Así que te tomé unos días libres para poder, al menos, ascender al Teide (3.718 m.). Luego me dediqué a intentar liar a María José o a algún amigo para que viajaran conmigo y escalar un poco por allí, pero fue infructuoso por diferentes razones. Me resigné a cargar con el Silent Partner (al que, es cierto, no he dado todo el uso que esperaba cuando lo compré)

Pero en ese tira y afloja para liar a Vlady, me pasó el contacto de los ganadores de su reciente concurso de cascos decorados que, precisamente viven en Tenerife y que publican este blog: A Nuestra Puta Bola. Yo me llevé, no obstante, el Silent Partner, pero fue para cargar peso porque Dulce y Ricardo me adoptaron y cuidaron de mi llevándome a escalar a la Catedral, en los Roques de García, y a una escuelita cercana a Santa Cruz, llamada Tabares. Además me presentaron a un magnífico grupo de gente con el que fue un placer conversar de aventuras de pared.

En la travesía del segundo largo de la vía normal a la Catedral (Teide)
En la travesía del segundo largo de la vía normal a la Catedral (Teide)

Quedé con Dulce y con Ricardo el domingo en La Laguna, donde yo me alojaba, para que me echaran un cable e ir al aeropuerto a por mi coche de alquiler; luego nos iríamos hacia el Teide. La propuesta que me habían hecho era escalar la vía normal a La Catedral,  una vía sencilla que nos permitiría conocernos mejor como escaladores y, a mi, cumplir dos rituales: volver a escalar desde hacía meses y conocer un poco la roca y el estilo de escalada de la zona.

La Catedral resultó ser un muy bonito roque, como los llaman allí, con formas muy peculiares y plagado de bloques, fisuras y panzas compactas. No es muy alto, pero ofrece líneas muy interesantes, como la ruta normal, la nuestra. Aunque la normal es una vía de IV grado, resulta muy interesante y gratificante porque es una constante búsqueda del camino que resulta variado con travesías, diedros, fisuras y placas excepcionales. Eso sí te deja con sabor a poco… 100 metros más de ese juego serían una auténtica delicia.

Los amigos tinerfeños observando La Catedral (Teide).
Los amigos tinerfeños observando La Catedral (Teide).

En cualquier caso, un gozo para mis dedos, que ya echaban de menos la roca, y para mi espíritu por la excepcional compañía que se me ofreció toda la vía de primero a modo de acogida hospitalaria. ¡Gracias!

Al día siguiente dejé el equipaje en El Sombrerito, el hotel de Vilaflor en el que me hospedé durante la noche, y me encaminé hacia la falda del Teide con el firme propósito de subir y aprovechar el permiso de ascensión que había obtenido desde Madrid y el buen día que había amanecido. Como mi impresora está averiada desde hace unas semanas, tuve que buscar una buena persona que me imprimera el permiso y el recibo de transferencia para la pernocta posterior que había reservado en el refugio Altavista, a 3.270 m. No resulta sencillo porque en el hotel también tienen problemas técnicos, pero finalmente, en el Ayuntamiento, una encantadora auxiliar me imprime los papeles sumándose a la sensación que me acompañó todo el viaje de que los tinerfeños son gente amable, solícita y muy acogedora.

Miguel, María y, a mi izquierda, Ricardo en la cumbre de La Catedral (Teide). Foto: Dulce
Miguel, María y, a mi izquierda, Ricardo en la cumbre de La Catedral (Teide). Foto: Dulce
Dulce y su increíble casco caparazón de tortuga, en la cumbre de la Catedral
Dulce y su increíble casco caparazón de tortuga, en la cumbre de la Catedral

Mi permiso de ascensión era para el último turno, de 15:00 a 17:00 de la tarde, así que me organizo con calma para empezar el ascenso alrededor de las 12:00. Y, aunque una guarda del parque me disuade de intentar subir a pie a la hora que pretendía hacerlo, recomendándome el Teleférico, decido seguir con el plan previsto y, en el peor de los casos, dejar la ascensión para el día siguiente después de hacer noche en el refugio.

Pero no hace falta, subo a buen ritmo y llego a la cumbre alrededor de las 16:00, acordándome de las palabras de Estalentao, que me había recomendado hidratarme mucho y tomármelo con cierta calma porque la fácil ascensión engaña y la altura pasa factura. Y me acuerdo de las palabras porque ciertamente en algún tramo había notado los efectos de la altura, pero no excesivamente. Imagino que haber escalado el día anterior a unos 2.100 m. de altitud ha ayudado a mi aclimatación.

Los famosos "huevos del Teide" a los pies de las coladas más recientes
Los famosos "huevos del Teide" a los pies de las coladas más recientes

La ascensión no tiene mucho truco porque el camino está marcado y hasta empedrado en el último tramo, desde el teleférico, una vez alcanzados los 3.500 m. Pero no deja de ser una ascensión impresionante por el entorno. Nada se aproxima en el horizonte, es un cono perfecto al que asciendes entre evidentes coladas de lava y, en el último tramo, fumarolas y olor a azufre. Desde la cima, muchas nubes, el océano por doquier y, lejos, las otras islas del archipiélago intuidas entre las nubes. Unas vistas magníficas desde los bordes de la Caldera.

La cumbre del Teide para mí solo
La cumbre del Teide para mí solo

El refugio resulta bastante extraño para un montañero: tiene máquinas de vending con chocolate y café a precios astronómicos (3 €), una máquina con latas y y agua todavía más caras que los cafés (4 €, y el agua es de medio litro), wifi (y un par de ordenadores) de pago (3 € por 45 min.), una cocinilla eléctrica (sobre una de leña en desuso), infinidad de cacharrería para cocinar y cenar, agua no potable, una chimenea apagada, calefacción eléctrica (¿?) y edredones en las literas. Por supuesto nada de agua caliente ni duchas. Además, el lacónico guarda se limita a comprobar las reservas, limpiar el refugio, dar cambio y abrir y cerrar las habitaciones y la cocina en un horario insólito: habitaciones de 19:00 a 7:00 y cocina de 17:00 a 8:00. Aún así, el refugio está en un lugar privilegiado que permite ver la perfecta sombra triangular del Teide al atardecer y el espléndido amanecer.

Ese amanecer espléndido que vi desde el refugio, a más de 3.000 m., era el del último día completo que iba a pasar en la isla. Y, mientras el resto de habitantes nocturnos del refugio subían antes del amanecer a la cumbre (para ver amanecer y para ahorrarse el permiso de ascensión) yo holgazaneaba por el refugio, desayunándome los restos de la frugal cena anterior y algunas galletas. Una breve charla con el guarda, que confirmó mis sospechas de que el refugio era propiedad compartida del Teleférico y el Cabildo de Tenerife, un poco de agua potable a precio de oro y el sol empezando a cabalgar en el horizonte dieron el pistoletazo de salida a las 7:40 para el rápido descenso, que me dejó a las 9:30 en el coche.

Amanecer desde la ladera del Teide
Amanecer desde la ladera del Teide

El viaje prácticamente terminaría reencontrándome con Dulce y con Ricardo para escalar tres bonitas vías en Tabares, una escuela muy peculiar y con una bonita roca volcánica moldeada a cuchillo en placas y serpenteantes fisuras limpias casi perfectas. De nuevo, las Tortugas se esforzaron en tratarme como un invitado de lujo, dedicando su tarde libre entre semana a hacerme escalar, a agotar mis últimas fuerzas del día.

Un estupendo ataque de guerrillas que me deja un gran sabor de boca, unos amigos en Canarias y algunas buenas fotos.

Dulce escalando el V+ de Tabares que fue la última vía
Dulce escalando el V+ de Tabares que fue la última vía

3 Comments

  1. Genial Ramón!

    A pesar no haber podido ir, veo que te lo pasaste genial y aprovechaste el tiempo.
    Me quedo más tranquilo.

    Saludos desde Alquezar a unas horas de mis exámenes…

  2. Espectacular, Ramón. Ya estuve en Tenerife hace tiempo, pero merece la pena volver. Por cierto, La Laguna es una ciudad bellísima.

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