Cara norte clásica de La Munia

Hace ya mucho que no publico, de nuevo por motivos laborales, aunque también por apetencias y dedicación personal. Pero siempre vuelvo, de un modo u otro, siempre. Esta vez para hablar de la Cara Norte Clásica de La Munia.

Aunque habíamos quedado originalmente para escalar el Espigüete, pendiente desde que subimos al Curavacas; aunque procrastinamos un poco con las fechas para atender menesteres más cotidianos y mundanos; aunque estábamos, y estamos, en un estado pésimo de forma; a pesar de todo, como digo, finalmente salimos de viaje, un largo viaje desde Madrid hasta el Circo de Troumouse, para escalar La Munia. Y no lo hicimos por cualquier lado, sino por una gran ruta: la vía Clásica a la Cara Norte de la Munia.

La Munia, desde su cara norte, se presenta esquiva, coronada por nubes.
La Munia, desde su cara norte, se presenta esquiva, coronada por nubes.

Pedro tenía sus dudas, pero accedió a mi empecinamiento para abordar una de las caras norte más interesante de pirineos. Lo cierto es que la ruta no tiene excesiva dificultad técnica, pero no deja de ser un proyecto ambicioso para alguien sin demasiada experiencia en rutas invernales y en gran pared.

Ahora, con la ruta en el bolsillo y a salvo en su casa rural de Cercedilla, seguro que está feliz y satisfecho por el esfuerzo realizado, que fue importante. Enhorabuena, Pedro, por tu empuje y capacidad de sufrimiento; gracias por regalarme esta bella cara norte que hace tiempo ansiaba realizar.

Madclimber en la cumbre de La Munia. Foto: Pedro
Madclimber en la cumbre de La Munia. Foto: Pedro

Para llegar a La Munia nos alojamos en Le Campbieilh, en Gèdre. La habitación limpia y cómoda, los propietarios muy amables y la cena estupenda, así que descansamos bien del largo viaje la primera noche. Al día siguiente, después de visitar Gavarnie, nos fuimos a hacer noche al pie de la cara norte de La Munia con más dudas que convicción.

Nos hicimos fuertes en una cabaña que hay en el Circo de Troumouse, muy cerca del aparcamiento y dedicamos buena parte de la tarde a estudiar la ruta de entrada que, ciertamente, ofrecía muchas dudas desde nuestro ángulo de visión. También dedicamos parte de la tarde y hasta bien entrada la noche en preocuparnos por las condiciones del día siguiente que, a pesar de que @digitalmeteo nos había asegurado excelentes, nos tenían en duda por la densa niebla que terminó por rodearnos.

Pedro, desde la cabaña, mira consternado el panorama
Pedro, desde la cabaña, mira consternado el panorama

Tras la noche con más pena que gloria (y con la huída de Pedro de la cabaña para eludir mis ronquidos), el día amaneció espléndido haciendo buena la predicción. Y allá nos dirigimos para atacar la ruta con Pedro sufriendo la ausencia de horas de sueño.

Las primeras rampas estaban en excelentes condiciones y con bastante huella. La nieve dura en el corredor de entrada, con menos de 45º de inclinación. El itinerario era evidente, además de estar plagado de huellas y la duda que albergábamos antes de la llegada a le passet se disipó rápidamente; el tramo oculto el día anterior era una evidente rampa de nieve hasta un corto muro a la izquierda. Cuando llegamos a él, además, “le passet” no era más que una cómoda repisa de dos pasos a la altura de nuestros tobillos gracias a la cantidad de nieve acumulada.

Primeras rampas de 40º en el corredor de entrada
Primeras rampas de 40º en el corredor de entrada

Al abandonar el passet nos recibió el inmenso plató glaciar por el que hicimos el característico zig-zag de la ruta que, al final, embocaba en las rampas directas hacia la cima. Se trata de la parte más bonita, además de sostenida. Son los dos tercios superiores de la pared con pendientes, según tramos, de hasta 55º. Sin mucha dificultad técnica y en buenas condiciones como la hicimos, resulta un placer para los sentidos, aunque hay que mantener constantemente la atención puesto que no hay mucho en lo que asegurarse si vas encordado y, si no vas, como nosotros, hay pocas posibilidades efectivas de autodetener una caída.

En las rampas de salida a la arista de La Munia
En las rampas de salida a la arista de La Munia

Tras la última rampa, desembocamos en la magnífica arista cimera por la que tuvimos que afanarnos escalando bloques y brechas mientras chirriaban los crampones en la roca. Sólo descansábamos ligeramente por los expuestos tramos de nieve entre resaltes rocosos. Y, finalmente, ¡cumbre! La Munia es un magnífico balcón a los macizos más imponentes del Pirineo central: Maladeta, Monte Perdido y Vignemale se veían con claridad, ostentando su belleza.

Pedro, a pocos metros ya de la arista cimera
Pedro, a pocos metros ya de la arista cimera

Pero, como se suele decir, la cumbre sólo es la mitad del camino. Después de descansar y comer un poco, emprendimos el descenso por la arista, recorriendo la ruta normal de la cara norte. Fue una empresa delicada. La arista es compleja, con tramos de trepada y destrepe, con tramos angostos y con algunas cornisas de nieve y, en especial, con un destrepe delicado que llaman paso del gato.

El tramo amable y espectacular de la arista: nieve y cornisas. Foto: Pedro
El tramo amable y espectacular de la arista: nieve y cornisas. Foto: Pedro

Pedro había hecho sus deberes y sabía que en paso del gato había un rápel, así que lo buscamos. Y ahí estaba, sobre una gran losa de la arista, con cordino y mallón. A pesar de rapelarlo, todavía tuvimos que hacer algún destrepe más y finalmente, un largo descenso por nieve primavera hasta alcanzar, de nuevo, el fondo del Circo de Troumouse.

Llegamos cansados al aparcamiento poco después de las 16:00, cerrando la ascensión con unos estiramientos y un par de cervezas en el pueblo.

Rapelando el "paso del Gato" de la arista de La Munia. Foto: Pedro
Rapelando el “paso del Gato” de la arista de La Munia. Foto: Pedro

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