Me costó decidirme pero tras hablarlo con mi mujer y sopesando todas las circunstancias, era viable. Me iba a Dolomitas.
Había sido una propuesta algo repentina a caballo sobre una salida frustrada a los Pirineos para escalar la Norte Clásica del Vignemale. Vlady y yo habíamos planeado la salida un par de fines de semana antes de cuando él tenía previsto marchar a Dolomitas con dos amigos, aunque no lo tenía todo cerrado por temas personales. Por esos mismos motivos se frustró la escapada a Pirineos y yo bromeé con la posibilidad de irme con ellos a Dolomitas. Vlady dejó caer el virus: “No te había dicho nada porque igual te ibas con la familia de vacaciones y esas cosas. No quería meterte presión”. El virus terminó en infección y, finalmente, la infección prosperó porque las condiciones eran óptimas.
Así el 30 de julio estábamos volando a Venecia, camino de cumplir el sueño de casi todo escalador: escalar en los Dolomitas.

El Gruppo di Sella
Unas cuantas horas después ya estaba arrepintiéndome mientras el coche se paseaba entre murallones interminables de roca en las inmediaciones de Cortina d’Ampezzo, el centro neurálgico de la zona. La comarca se llama Belluno y nuestro plan incluía acercarnos el primer día hasta Canazei, en la comarca de Trentino (diferente a Belluno, como muy gentilmente nos hizo notar la chica de información cuando le preguntamos la predicción meteorológica de Canazei), donde están las Torres de Sella, el Piz Ciavazes y el Sass Pordoi entre otras dignas moles dolomíticas.

La Forcella (collado) Pordoi desde el Rifugio. Foto: Vlady
Las paredes impresionan y fascinan a partes iguales y aún más en casos como las Tre Cime di Lavaredo, que se yerguen solas, desafiantes. Impávidas ante las hordas de hormiguitas que las circunvalan o que intentan escalarlas. Pero no sólo las paredes, toda la zona es preciosa: las casitas decoradas, los prados perfectos, los bosques que rellenan los valles que dibujan las moles. Hasta los refugios parecen sacados de un cuento tirolés.
Los días en el camping se hicieron literalmente “duros” porque en un alarde de chulería dejé en Madrid la colchoneta autohinchable y uno ya va teniendo una edad. La tienda también dejaba bastante que desear porque era una Ferrino de hace muchos años, ya muy trajinada, y a la que temía tener que probar bajo la lluvia. La buena, la nueva, estaba en Valencia aparcada desde la escapada a Cazorla de Semana Santa.

Lago Misurina con las Tre Cime di Lavaredo al fondo, entre brumas
De todos modos no fueron muchos días porque en cuanto nos fuimos de Canazei hacia Misurina, la tienda sólo volvió a salir para cobijarnos en unas horas malas la noche anterior a la subida a la Cima Grande di Lavaredo. Porque sí, subimos a la Cima Grande… y también al Sass Pordoi y a la Primera Torre de Sella. Y el viaje no dio más de sí porque nos llovió un par de días que, también, nos vinieron bien para descansar. Sobre todo a mi, que llevaba, hasta que llegamos a la base de la Primera Torre de Sella, cerca de dos meses sin encaramarme a nada que me exigiera un esfuerzo significativo.
Cundió, disfrutamos y cumplí uno de mis sueños de hace años: escalar en las míticas paredes dolomíticas.

Con Vlady en la cumbre de la Cima Grande di Lavaredo. Foto: Vlady
Y, bueno, de cada ruta ya hablaré en otros posts estos días.
5 Comments
ya se agradece el regreso.
Y, sí, llega una edad en la que debes ir con la autohinchable a todas partes.
Qué hay Ramón!
A veces los sueños sólo hay que proponerselos de verdad para cumplirlos
Salu2
Hola Madclimber,
enhorabuena por el viaje y las escaladas. Efectivamente, comviene llevarse la muñeca hinchable a cualquier sitio.
un abrazo
Enhorabuena Ramón, Que envidia, sana eso si…me imagino el disfrute.
Te dejaste la colchoneta? Bueno, yo recuerdo de peores, tu ya me entiendes.
Sabes viendo el paisaje: encajo “ramoneando” por los valles, jejeje, la edad igual o la inactividad.
Un saludo a la familia.
yo soy de los que se quedarían en el bar de abajo echando unas cervezas.
La verdad es que molan muchísimos las fotos. Menuda paliza…
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[...] toda la gestión de las codiciadas entradas, a un módico coste de 55 €, me pilló de vacaciones encaramado en algunos riscos dolomíticos, por lo que resultó imposible que la adquiriera en el breve plazo que concedían antes de ceder el [...]
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