Artritis y Pañoleta Blanca

Prometía el fin de semana: el sábado escalada en el Barranco de la Hoz y el domingo tranquilidad familiar y puede que paseo por el rastro.

Al final, tuve que renunciar a la escalada porque unas molestias que tenía desde hacía tiempo en el pie deredho han terminado por convertirse en una artritis (que no artrosis) que me procuraba un dolor terrible.

 


Mi malterecho pie, con un vendaje funcional por si, al final, me iba a escalar de todos modos.

Como la vía elegida en el Barranco de la Hoz era Pañoleta Blanca, parecía bastante evidente que iba a tener que apretar y, seguramente, empotrar el pie. Así que decidí tras muchas dudas y una visita deseseperada al fisioterapeuta, que no iría a escalar. Sobre todo porque era evidente lo que me dijo el Fisio: No te vas a procurar una lesión irrevesible, pero será imposible que escales sin dolor… sin mucho dolor.

Al parecer fue una buena decisión por las noticias que me han llegado hoy de uno de los compañeros de cordada, Vlady, pero eso es otra historia.

En definitiva: aquí estoy, afilando mis planes y reposando con el ánimo de mejorar lo suficiente para poder escalar el próximo fin de semana y, afortunadamente, parece que surte efecto.

10 Comments

  1. Jopeta…cuánto lo siento por ese dedo gordo!!!…
    Me lo imagino aprentando en una placa pedricera…cuánto dolor!!!!

    Que te sea leve y que se recupere pronto, cuidate!!!

  2. Muy gracioso, Santi, aunque la verdad es que sí, que uno ya no funciona igual, lamentablemente.

    La verdad es que la Pañoleta Blanca, Chini, es sobre todo de fisura y diedro y la imagen de aguantar el dolor empotrando el pie en la fisura es una de las cosas que me disuadió.

    Y ya va mejorando.. Gracias por vuestros deseos.

  3. … no sabes cuanto siento, que tu aportación haya sido así … lo siento …
    Es un dolor insoportable, lo sé … cuídate … y cuando mejores, un gato duro ayuda mucho …
    Saluz (nunca mejor dicho)
    Pep

  4. Gracias a todos.

    Además, ya habéis visto que va razonablemente mejor. El dolor salvaje remitió en unos días y al fin de semana siguiente ya sólo dolía lo justo.

    El reposo y los antiinflamatorios hicieron su trabajo.

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