Ausencia

Quique se ha ido y no hay consuelo para ello.

He tardado muchos días en animarme a escribir esto, principalmente porque no sabía si hacerlo. Pero al final, en cierto modo, era algo que le debía.

 


Con Quique, en la cumbre del Vignemale, en 1995.

Cuando estuve comentando con él el post de Javier, le dije que estaba buscando las fotos de nuestra escapada al Vignemale en 1995 para hacerle un post. No lo hice, por lo menos, no a tiempo.

 


Quique, feliz, sobre el vértice geodésico del Vignemale, en 1995

Quique murió el viernes 5 de septiembre, en un encuentro familiar con amigos para hacer la que era otra de sus pasiones: navegar. Ahora, desde hace un par de semanas repaso constantemente nuestras últimas conversaciones, sobre todo de temas de trabajo, de nuestras familias y de montaña. En concreto recuerdo los planes de volver a juntar en otoño a la Cordada Julai para quitarnos el sinsabor del fallido intento al Aspe.

Era un buen montañero, un grandísimo amigo y uno de los compañeros con los que más a gusto y seguro me he sentido en el monte desde que coincidí con él aprendiendo a escalar. Los últimos años él redujo mucho su actividad y se centró en su en su mujer y sus hijos y en su trabajo, aunque siempre intentó sacar tiempo para hacer las cosas que le gustaban (participar en dos rallies París-Dakar y aprender a navegar, entre otras cosas)

Ahora intentaré mantener siempre frescos en mi memoria los muchos regalos que me hizo en la montaña y, en especial dos de ellos: la escapada al macizo de Vignemale y una ascensión nocturna al Ángel Orús, con luna llena y con esquíes de travesía, después de haberlos alquilado en un arrebato por el exceso de nieve polvo y sin tener ni idea de esquiar. Intentaré que ese recuerdo mitigue, al menos en parte, el dolor y la angustia que produce la ausencia.
Quique trepando hacia la cumbre del Clot de la Hount
Quique trepando para llegar a la cima del Clot de la Hount, a la que subimos por un mini-corredor elegido al azar desde el Glaciar de Ossue.

!Gracias Quique!

10 Comments

  1. Mi más sentido pésame. ¡Que duro es perder a un amigo! Piensa que algún día os volveréis a encontrar… y el está allí esperando con una sonrisa.

    Ánimo!

  2. Son tantos los recuerdos vividos que cuesta creer que Quique ya no nos acompañará en ninguna ascensión más. Son muchos los momentos que me vienen a la mente pero solo mencionaré algunos. Son momentos que el resto de la Cordada Julai seguro recordará.

    El primero, y que ayuda a comprender el caracter y genio de Quique fue en un viaje al Vignemale, cuando tras un día espectacular, en el que Ramón, Vicente, José Luís y yo, subimos a todo el cordal del macizo, (Quique se quedó junto a Amparo para subir al Petit), al llegar al refugio decidimos subir nosotros al Petit para finalizar jornada, y cual fue la reacción de Quique que volvió a subirlo con nosotros haciendo la ascesión más rápida que le recuerdo, finalizando la jornada al anochecer al pié del Petit, en el que estaban esperando apoyados en una piedra la llegada de mi molido cuerpo, Ramón y Quique, imagen que nunca podré borrar de mi mente.

    Otro recuerdo inolvidable fue el descenso desde la Renclusa al valle trás la ascensión a la Maladeta. Descenso que hicimos corriendo entre risas y a lo loco y con un tiempo de perros, pero con el estómago y las ideas calientes gracias al vino del refugio.

    Y por último, un recuerdo algo más personal fue cuando trás sufrir una sensacional pájara en el desceso del Algas, al llegar al refugio Quique estuvo conmigo en todo momento hasta que me reestablecí completamente.

    Yo aún no me he repuesto del palo, y creo que tardaré mucho tiempo en hacerlo. Par mí existe un consuelo, y que en mis pensamientos Quique sigue completamente vivo, sigue subiendo montañas, sigue mirando los croquis de las vías la noche anterior a la ascensión y lanzando frases lapidarias respecto a la cordura de los que proponemos la ascensión, y sobre todo sigue conversando con nosotros junto unas cervezas en la mano tras el esfuerzo de la subida. Lo dicho, para mí sigue estando ahí.

  3. Gracias a todos por vuestras palabras.

    Sergio, es cierto que hay algo de eso. Como te decía por mail, seguiré siempre esperando encontrarlo al girarme un instante, unos pasos detrás, algo más lento pero incansable y perseverante, haciéndome una mueca al alcanzarme.

  4. VAYA¡¡ COMO LO SIENTO RAMÓN….
    ES BONITO RECORDARLE.. Y LLORARLE….. Y LLEVARLE SIEMPRE EN TU CORAZÓN..
    PERO NO PIERDAS NUNCA LA SONRISA A PESAR DE ESTAR TRISTE…¡
    MUCHO ÁNIMO… Y UN FUERTE ABRAZO..¡¡
    MUAHHH¡¡

  5. Leo esto después de enterarme de la muerte del hijo de un amigo, accidente de circulación.
    Llevo varios días sin palabras.
    Un abrazo.

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