Javier

Se lo prometí en los comentarios de un post en el que se había hecho el graciosillo.. pero no lo he hecho hasta hoy que, casualmente, buscando fotos de nieve he encontrado ésta de una escapada que hicimos al Balaitús hace ya algunos añitos. El muy cachondo se subió a la cumbre con ese teclado electrónico en la mochila por una apuesta (¿o era una promesa?).

Javi en la cumbre del Balaitús con ¿un teclado electrónico?
Javi en la cumbre del Balaitús con ¿un teclado electrónico? que no sabíamos ninguno que estaba en su mochila.

 

Echo mucho de menos a Javier, como a todos los miembros de la Cordada Julai. En especial a su sarcasmo y sus interminables piernas que mueve a un ritmo infernal. Hay una frase que siempre decía y que me parece muy graciosa aunque excesivamente cariñosa conmigo: con tus brazos y mis piernas, un día, tenemos que hacer un “madelman”. Lo cierto es que me habrían venido muy bien sus piernas en muchas ocasiones para hacer la aproximación.

Es incansable, atérmico (en contadas ocasiones se quita una prenda con la que empiece a andar antes de terminar) y algo autista en ocasiones. Sin embargo es un compañero abnegado, fuerte y muy sólido psicológicamente.

Buen montañero aunque no le apasiona la vertical, pero con el que estuve a punto de descubrir los volcanes ecuatorianos si no nos la hubiera jugado una agencia de viajes en el último momento.

Muchas aventuras juntas y momentos de buena amistad. Juntos, entre otras cosas, escalamos la Valencianos al Peñón de Ifach, hicimos una buena cantidad de barrancos y unos cuantos tresmiles, entre ellos el de la foto que resultó bastante comprometido tanto en la subida con el vertiginoso descenso que nos vimos obligados a realizar por dejar la cuerda en casa.

Como recompensa, una actividad más tranquila al día siguiente y una pequeña ración de sol de invierno tardío.

Al sol Vicente, Javier y yo (en el medio)
Al solecito del final del invierno, Vicente (a la izquierda) y Javier (a la derecha). Yo, en el medio y más blanco.

6 Comments

  1. Tú sí que eres excesivamente cariñoso … Casi haces que se me salte un lagrimón …

    El comentario del madelman es cierto, pero sólo recuerdo haberlo dicho una vez. Era septiembre del 95, y nos habíamos ido a hacer barrancos, mano a mano, a la zona del Monte Caro.
    Yo acababa de volver del Karakorum, con una excelente forma, claro. Andábamos de aproximación a una cabecera, con cuerdas, el neopreno encasquetao, y demás enseres, por una pista forestal, y me parecía que ésta se deslizaba por debajo de mí, como en los dibujos animados, cuando te quejaste, algo agobiaíllo, del ritmo que llevábamos … Entonces solté la frasecita de marras … No era sólo por dar ánimos; es que tenías unos deltoides y unos bíceps de dios griego …

    Qué tiempos … Yo también te echo mucho de menos.

  2. El recuerdo de todos esos maravillosos días, con vosotros, entre el cielo y el hielo, forman parte de los mejores recuerdos de mi vida, del equipaje que, el día del viaje, querré llevar…

  3. Con tu memoria tendré que admitir que sólo dijiste esa frase una vez. Pero como ves, dejó huella.

    Recuerdo esa aproximación en la que casi me matas. Recién llegado del Karakorum estabas intratable a la altura del mar. Aunque siempre has sido buen andador.. aquella vez estabas excesivo.

    El otro día hablé con Quique y estamos pegeñando una nueva aventura. Hay que seguir sumando recuerdos…

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