Apenas pudo ser.
Nuestra ventana de oportunidad fue escasa. Sólo tuvimos un día de buen tiempo en toda la semana y allá que fuimos con todo el ánimo.
Especialmente después del primer intento de aproximación en el que nos pusimos como verdaderas sopas y en la que el viento nos zarandeó en cuanto asomamos la nariz un poco (como se aprecia en la foto).

Y es que parecía el diluvio universal. Y el viento hacía que el agua se calara por todos los lados. Casi me pude escurrir por completo, en especial los guantes.
El resfriado todavía me dura desde ese lunes. Pese a la ducha de agua caliente que me ayudó a retemplarme un poco antes de enfundarme en ropa seca.