Últimamente no hay forma de salir a escalar. Lo más parecido que consigo es hacer el mico de cuando en cuando (en realidad siempre que tengo oportunidad).
Durante el puente del Pilar estuve en Cabo de Gata, un paraje fantástico al que vale la pena ir. Además aprovechamos para darnos el último bañito de la temporada y para disfrutar de aquel ambiente entre místico y salvaje.
De paso, también hicimos un poco el mico en las características formaciones volcánicas. Daba la sensación de que todo se iba a quebrar con el peso, pero al final resultaba bastante consistente.